La respiración
Lectura: 3 min
La respiración: ese hilo invisible que nos sostiene
A veces olvidamos que estamos vivos. No por desinterés, sino porque lo urgente arrasa con lo esencial. Y sin embargo, algo en nosotros sigue latiendo, acompasando los días con una fidelidad silenciosa. Respiramos. Desde que nacemos hasta el último instante, respiramos.
Pero no siempre lo hacemos con conciencia.
Respirar no es solo un acto biológico: es una manera de habitarse. Es el puente sutil entre lo que sentimos y lo que aún no sabemos nombrar. La respiración acompaña cada pensamiento, cada emoción, cada gesto del cuerpo. Cuando algo se contrae por dentro, se acorta. Cuando algo se abre, se expande.
Observar cómo respiramos es comenzar a escucharnos desde otro lugar. Un lugar sin juicio, sin corrección inmediata. Solo presencia.
En las prácticas corporales, el aliento no se impone: se descubre. Aparece cuando dejamos de forzarlo y empezamos a notarlo. Cambia cuando le damos espacio, cuando dejamos que fluya con nosotros, no contra nosotros.
Respirar puede ser una forma de volver. Volver al cuerpo, al momento, a la pregunta que duele, al deseo que espera. Puede ser también un refugio: un modo de soltar lo que pesa sin necesidad de explicarlo. A veces basta con exhalar.
Por eso en cada encuentro, ya sea en el yoga, el masaje, la meditación o la escena, la respiración guía. No desde el deber, sino desde el descubrimiento. Recuerda que no estamos hechos para ir corriendo detrás de todo. Que hay otra forma. Más honesta. Más viva.
Una forma que empieza… por respirar.