La Postura Difícil
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La Postura Difícil: Aprender a Ser Amorosos con Nosotros Mismos en el Yoga y en la Vida
Hay un momento en la práctica donde nos encontramos cara a cara con el desafío. Esa postura que nos cuesta, que nos frustra, que nos enfrenta con nuestros límites. Puede ser una inversión, una apertura de caderas, una torsión profunda o simplemente sostener una postura un poco más de lo que nos gustaría. Lo cierto es que la postura difícil no es solo física, es también emocional y mental.
¿Qué hacemos cuando nos encontramos ahí? ¿Forzamos, resistimos, nos criticamos? ¿O podemos traer una mirada más amorosa, más compasiva, más amable hacia nosotros mismos?
El Momento del Desafío: Un Espejo Interno
Cuando una postura nos incomoda, nos pone a prueba o nos frustra, en realidad nos está mostrando algo más profundo que la simple dificultad física. Nos confronta con la manera en que nos relacionamos con lo que no nos sale “bien”, con lo que no controlamos, con aquello que nos desafía más allá de la zona de confort.
- ¿Nos enojamos con nosotros mismos?
- ¿Nos rendimos antes de intentarlo?
- ¿Nos exigimos más de lo que podemos sostener en ese momento?
El yoga es un laboratorio de la vida. Cómo respondemos en la postura difícil nos da pistas sobre cómo respondemos ante los desafíos fuera del mat.
Del Juzgar al Abrazar: Un Cambio de Mirada
Es fácil caer en la trampa del juicio: “debería poder hacer esto”, “mi cuerpo no es lo suficientemente flexible”, “esto no es para mí”. Pero, ¿qué pasaría si en lugar de pelear con la postura, la habitáramos con ternura?
Ahí es donde el yoga nos invita a practicar la amorosidad, el arte de tratarnos con la misma dulzura con la que trataríamos a alguien que amamos.
- En lugar de criticarte, agradece a tu cuerpo por lo que sí está haciendo.
- En lugar de forzarte, registra qué necesita tu cuerpo en ese momento.
- En lugar de compararte, habita tu propio proceso.
No importa si hoy la postura no sucede en su forma "ideal". Lo importante es cómo te sentís en el intento.
Encuentra tu Punto de Amabilidad
Cada postura tiene un umbral, un punto justo entre el esfuerzo y la entrega. No es el extremo del dolor, ni el extremo de la comodidad absoluta. Es ese lugar donde hay un desafío, pero sin violencia, sin lucha.
La clave es escuchar:
- Si hay dolor, es una señal de que algo necesita ajustarse.
- Si hay incomodidad, puede ser parte del proceso de transformación.
- Si hay frustración, tal vez la práctica sea soltar la expectativa.
A veces, la mayor evolución ocurre cuando aceptamos una versión más suave de la postura, cuando usamos un apoyo, cuando modificamos el ángulo, cuando elegimos sostener el intento con dulzura en vez de con rigidez.
La Vida También Tiene Posturas Difíciles
Lo que sucede en el mat se refleja en la vida. No todas las situaciones se resuelven rápido, algunas requieren paciencia, adaptación y, sobre todo, un trato amoroso hacia nosotros mismos.
Así como en el yoga nos encontramos con posturas que desafían nuestra estructura, en la vida hay momentos que nos sacan del eje:
- Una conversación incómoda.
- Una decisión difícil.
- Un cambio que no esperábamos.
En esos momentos, podemos reaccionar con dureza o podemos recordar lo que aprendemos en la práctica: respirar profundo, sostener con amor, ajustar cuando sea necesario y, sobre todo, confiar en nuestro proceso.
Tu Práctica, Tu Ritmo
El yoga no es una competencia, ni siquiera con uno mismo. Es un espacio de exploración, de escucha y de transformación. La postura difícil no está ahí para castigarnos, sino para enseñarnos paciencia, presencia y amor propio.
Así que la próxima vez que te encuentres en ese desafío, en el mat o en la vida, recordá: sé amable con vos mismo. Más allá de la postura, lo más importante es cómo te tratás en el proceso.
Al final del día, el verdadero yoga es aprender a habitarnos con amor.