Con más de 20 años de experiencia en esta disciplina, sostengo cada encuentro con la convicción de que el cuerpo siempre está hablando. Las manos del terapeuta funcionan como canal de traducción: leen, perciben y devuelven al cuerpo algo que a veces se perdió entre el trajín y las exigencias diarias.
El masaje no es solo alivio muscular. Es salud, es bienestar, es presencia. Es una práctica que ayuda a soltar estructuras rígidas, tensiones antiguas y patrones instalados por el ritmo acelerado de la vida. A través del tacto preciso y respetuoso, se activa el sistema nervioso parasimpático, se mejora la circulación, se afloja el sistema fascial, y el cuerpo entero empieza a encontrar su equilibrio natural.
El contacto se convierte entonces en una vía directa al autoconocimiento. Una pausa real, donde el bienestar deja de ser un ideal y empieza a sentirse, de verdad, desde adentro.